miércoles, 16 de agosto de 2023

3 AÑOS, 3 OCÉANOS Y 80,000 KILÓMETROS: QUINTO CENTENARIO DE LA VUELTA AL MUNDO.

 


Autor: Sealtiel Enciso Pérez

En la actualidad cualquier niño de 4 o 5 años sabe que la tierra es más o menos redonda (ahuevada). La mayoría de nosotros desde muy pequeños hemos visto programas de televisión, mapas por computadora e incluso diseños en 3D que ilustran la forma que tiene nuestro planeta así como los diferentes fenómenos naturales a los cuales está sometida año con año (estaciones, fenómenos del Niño y la Niña, tormentas, Etc.). Sin embargo esta imagen de la tierra nunca fue así, hace más o menos 500 años aún se pensaba que la tierra era cuadrada y que si se navegaba lo suficiente hacia cualquiera de los 4 puntos cardinales se podría “caer” del mundo hacia un vacío infinito. Gracias a la entereza y valentía de algunos hombres aventureros pero también consumados cosmógrafos y científicos, que arriesgaron su vida para probar sus ideas de avanzada, se demostró la falacia de estos “dogmas” y se inició una nueva era del renacimiento de las ciencias. Tal fue el caso de la vuelta al mundo que realizó el portugués Fernando de Magallanes.

Nuestra historia inicia el año de 1518 cuando el explorador Magallanes acude ante el Rey de Castilla, Navarra y Aragón, Carlos I, para plantearle la empresa de localizar una ruta marítima que le permitiera a su reino el llegar a las islas Molucas, conocidas como “de especias”, sin necesidad de realizar el cansado y peligroso viaje rodeando el continente Africano por el Cabo de Buena Esperanza. En un primer momento Magallanes planteó este proyecto al Rey  de Portugal, sin embargo al no obtener una respuesta positiva, decide llevar su planteamiento ante el Rey Carlos I (también conocido como Carlos V, por ser el V emperador del Sacro Imperio Romano Germánico) al cual logra convencer. En esas épocas la Corona Española estaba deseosa de encontrar una ruta alterna para llegar a Asia debido a que 24 años antes se había visto obligada a firmar un tratado con sus competidores más cercanos, los Portugueses, en donde se delimitaba hasta dónde podían extender sus navegaciones en el mundo conocido; este documento se le conoció como “Tratado de Tordesillas”. En el mencionado escrito, la única ruta conocida hacia las Molucas era por territorios que quedaron bajo el dominio portugués y por lo mismo vedados para ellos.



Después de diversas precisiones y las garantías respectivas, el 22 de marzo de 1518, Magallanes y el Rey Carlos I firman un documento conocido como “Las Capitulaciones de Valladolid” en donde el navegante se comprometía a encontrar la mencionada ruta hacia las Islas de Especias, navegando hacia el Oeste del mar Atlántico; y por su parte la Corona Española le dotaría de 5 barcos con 239 marineros así como el avituallamiento y sueldos para todos los contratados. Fue el día 10 de agosto de 1519 que la expedición, con sus 5 barcos, parte del puerto de Sevilla. Los nombres de los barcos fueron: Trinidad, San Antonio, Concepción, Victoria y Santiago. 


En el Diario que se conserva de este apoteósico viaje, se narra que tuvieron una gran cantidad de contratiempos los cuales casi estuvieron a punto de que la empresa se malograra. El primero de los problemas fue el hambre debido a que por lo dilatado de la empresa así como la dificultad de mantenerlos en buen estado en un medio húmedo, los pocos alimentos se pudrieron, por lo que se vieron en la necesidad de desembarcar en varios puntos buscando alimentos, lo cual representaba un grave peligro puesto que se arriesgaban a ser atacados, cosa que ocurrió en no pocas ocasiones. 


Otra de las dificultades que tuvieron que arrostrar fueron las tormentas y las “calmas” las cuales ocasionaban que se perdiera el curso de la navegación o incluso que lo poco que se avanzaba en un mes entero, en pocas horas se retrocediera, con el gran desánimo y descontento de sus tripulantes. No olvidemos que los 5 navíos sólo contaban para su impulso en la navegación con la fuerza del viento así que cuando este dejaba de soplar o soplaba en contra de la ruta que querían les ocasionaba una gran pérdida de tiempo, amén de las corrientes marinas que también les ocasionaban serios contratiempos. En los diarios de navegación quedó constancia que debido al hambre que se padecía muchos de los tripulantes fallecieron, y al no tener los sobrevivientes forma de conseguir alimentos, se abalanzaron sobre los cadáveres cometiendo canibalismo. 


Aunado a lo anterior entre la tripulación empezó a causar estragos el famoso Mal de Loanda (escorbuto) el cual es una enfermedad ocasionada por la abstinencia por periodos muy largos de la vitamina “C”. Por lo general esta vitamina la absorbe nuestro cuerpo de los alimentos frescos que se consumen cotidianamente, pero en los viajes tan largos como este, los alimentos frescos eran los que primero se acababan o se echaban a perder. Los marineros atacados por el mal de Loanda presentaban síntomas como cansancio y debilidad; encías inflamadas que sangran fácilmente en la base de los dientes; pérdida de dientes; hemorragias en la piel; otras hemorragias, por ejemplo, sangrado nasal, sangre en la orina o en las heces, estrías hemorrágicas debajo de las uñas; demora en la cicatrización de las heridas y anemia. Cuando la enfermedad está muy avanzada imposibilita el movimiento a quien la padece y lo mantiene postrado en cama entre grandes dolores. Una gran cantidad de la tripulación enfermó y murió de este mal durante la travesía.


Finalmente y para agregar un poco más de complicaciones, en varias ocasiones se suscitaron motines y combates entre los marineros, los cuales cansados de tanto tiempo de navegar y no encontrar el paso hacia las islas de Especias, le exigían a Magallanes el regresar a España. Producto de estas revueltas, la nave “San Antonio” fue tomada durante un motín y la obligaron a regresar. Como ya mencionamos, este viaje fue un viaje de descubrimiento, de exploración, por lo que los sitios por los que pasaba era la primera vez que una expedición Europea llegaba hasta el lugar. Fue durante una exploración en las costas de Patagonia que la nave “Santiago” encalló contra unos arrecifes y se hundió, llevándose consigo a una buena parte de sus tripulantes. Unos pocos pudieron ser rescatados en las 3 naves restantes.


El día 21 de noviembre del año de 1520, por fin se encontró una ruta para poder sobrepasar la gran barrera que representaban las tierras que hoy conocemos como Argentina y Chile. A este canal se le impuso el nombre de Estrecho de Magallanes. Tras pasar por este sitio, llegaron a un inmenso océano el cual se mostró sereno y en calma por lo que Magallanes lo bautizó con el nombre de “Océano Pacífico”. Continuando con su viaje hacia su destino, empezaron a observar que la nave “Concepción” se encontraba en muy mal estado y que a pesar de reparaciones constantes su fin era irremediable e inmediato. Magallanes ordenó a la tripulación que sustrajeran todo lo que pudiera ser utilizado y que junto con los materiales, alimentos y tripulación pasaran a los dos barcos restantes (Trinidad y Victoria).



En la parte final del viaje hacia Las Molucas, llegaron a un conjunto de islas a las cuales se les llamó Islas Marianas y posteriormente a Borneo, Islas del Poniente y San Lázaro (actualmente son las Filipinas). En este sitio tuvieron varios altercados con los nativos lo que ocasionó que producto de estos embates cayera muerto Fernando de Magallanes el 21 de abril de 1521. Tras a estos lamentables sucesos el maestre de la nave “Concepción”, Juan Sebastián Elcano, tuvo que tomar la capitanía de lo que quedaba de la expedición y continuar su viaje hacia las Molucas o Especiería. Al llegar a este destino reparó sus naves, dio atención médica a su tripulación y realizó comercio de especias (clavo). Una vez que restablecieron sus fuerzas tomó consejo con los principales de entre su gente y decidieron que era tiempo de regresar a España pero lo harían prosiguiendo hacia el oeste ya que regresar por donde habían venido era más que imposible tomando en cuenta el mal estado de sus barcos y la poca tripulación que les quedaba.


Durante su travesía de regreso a España, cruzaron el océano Índico hasta llegar a las costas de África. Como recordaremos esta zona estaba bajo la posesión de los portugueses, los cuales al avistar la nave “Trinidad” la apresaron así como a sus tripulantes. Poco después la única nave restante dobló el Cabo de Buena Esperanza en la punta austral de África, de ahí atracó por un corto tiempo en Cabo Verde y finalmente llegó a España (Sanlúcar de Barrameda) el 6 de septiembre de 1522. El barco que logró llegar a su punto inicial fue “Victoria”, el cual llegó prácticamente hecho pedazos, con una gran parte de su madera podrida, e incluso imposibilitado ya para navegar los últimos kilómetros, tuvo que ser remontado al puerto por otros barcos. De los 239 marineros embarcados, sólo sobrevivieron 18, los cuales llegaron semidesnudos y en un estado de desnutrición y enfermedad que los puso a un paso de la muerte. La travesía había durado 2 años y 351 días.


Con el cargamento de especias (clavo) que traían en sus bodegas, al venderse dio suficiente capital para pagar todos los gastos de la expedición e incluso hubo ganancias. Al capitán de facto, Juan Sebastián Elcano, se le rindieron los honores como si él hubiera sido el iniciador de tan grande empresa. Dentro de los reconocimientos que obtuvo se le entregó un escudo con la leyenda “Primus Circumdedisti Me” (Fuiste el primero en rodearme). 


Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano deben ser recordados como hombres valientes e intrépidos, los cuales en una época donde el oscurantismo y el dogmatismo cristiano se enseñoreaba en todas partes, sacrificaron su vida misma, para demostrar que la tierra no era plana sino semiesférica y, si se navegaba lo suficiente desde un punto,  hasta el oeste, se llegaría a este mismo punto, después de eso sí, arrostrar grandes peligros y tras mucho tiempo de viaje.

23 DÍAS DE MUERTE. LA EXPEDICIÓN DE CLEMENTE GUILLÉN AL PUERTO DE LA PAZ (1720)


Autor: Sealtiel Enciso Pérez


En la actualidad cuando uno recorre la carretera transpeninsular que une los principales puntos de esta California del Sur, se llena de tedio y cansancio al contemplar cientos y cientos de kilómetros de desierto desde la comodidad de un automóvil o un camión de pasajeros. Sin embargo ubiquémonos 300 años atrás, 1720, en la época misional, en donde llegar a este punto de la geografía Californiana, La Paz, era poco menos que retar a la muerte debido a que después de la Misión de San Juan Malibat o Ligüí no existía un punto tocado aún por un asentamiento permanente colonial. Es aquí donde surge la leyenda del sacerdote Clemente Guillén quien hizo esta travesía por inhóspitos parajes y constantes amenazas de muerte a manos de los Guaycuras.


Hacía 3 años que había muerto el Apóstol de las Californias, el Sacerdote Jesuita Juan María de Salvatierra, un año antes de que esto ocurriera (1716), Salvatierra había intentado de forma infructuosa el llegar al puerto nombrado por Vizcaíno como La Paz. Lo difícil del terreno pero sobre todo el carácter uraño y agresivo de los Guaycuras hizo imposible su llegada y tuvo que regresarse con grave riesgo de un levantamiento de estos californios en contra de él y la gente que lo acompañó en la expedición. El explorar el territorio austral de la California se había convertido, de nuevo, en una petición importante de las autoridades españolas a través de las epístolas que enviaba el Virrey Don Baltasar de Zuñiga y Guzmán, duque de Arión, marqués de Valero. El motivo de ello era el encontrar y colonizar un punto en estas latitudes que sirviera para dar refresco a los pasajeros y tripulantes del Galeón de Manila, los cuales llegaban a este punto sumamente cansados y enfermos.



Fue entonces que se decidió que los sacerdotes Jaime Bravo y Juan de Ugarte realizaran una incursión por mar, utilizando para ello la Balandra “El Triunfo de la Santa Cruz”, el primer navío construido totalmente en la California, hasta llegar al puerto de La Paz. Sin embargo esto no era suficiente, se necesitaba que otro sacerdote realizara el viaje por tierra para encontrar una ruta por la cual pudieran llevarse el bastimento y la gente necesaria para dar apoyo a la futura Misión que se estableciera. En ese tiempo los barcos eran sumamente frágiles además de que quedaban a merced del clima por lo que depender únicamente del apoyo por mar era sumamente arriesgado y nada prudente. El sacerdote ideal para realizar esta labor era Clemente Guillén. La razón de ello era que Guillén había realizado un recorrido desde Loreto hasta alcanzar Bahía Magdalena en el año de 1719, lo cual fue un hecho sumamente importante porque conoció por lo menos el cincuenta por ciento del camino para llegar a la ensenada de La Paz además de que dejó hechas amistades con algunas ranchería que habitaban en esos sitios lo cual le resultó muy ventajoso.


Clemente Guillén nació en la ciudad de Zacatecas en el año de 1677. A los 29 años fue ordenado sacerdote en la ciudad de Oaxaca y, hasta el año de 1713 fue profesor en el colegio jesuítico de ese lugar. En el año de 1714 llega a la California y fue destinado a la misión de San Juan Bautista Malibat o Ligüí. Realizó diversas expediciones de exploración de la California entre las que destaca la de Loreto a Bahía Magdalena, San Juan Bautista Malibat a La Paz y La Paz a Cabo de San Lucas. En el año de 1721 funda la Misión de Nuestra Señora de los Dolores y se traslada a esta una vez que se tuvo que cerrar la de San Juan Bautista Malibat o Ligüí por falta de naturales. En el año de 1732 fue nombrado visitador de las Misiones de California. En el año de 1746 se retira a Loreto ya viejo y cansado en donde fallece en 1748 a los 71 años de edad. 



El inicio de la expedición de Guillén fue el 11 de noviembre de 1720, diez días después de que partieran por mar los sacerdotes Ugarte y Bravo. Las grandes penurias y dificultades que tuvo durante su viaje se debieron a que escogió el camino más escarpado para llegar a La Paz el cual es el que se encuentra en la parte occidental de la Sierra de La Giganta, adyacente al Golfo de California. Toda esta parte de la sierra es un terreno de gran dificultad y en la actualidad pocas personas se atreven a transitar por él y menos arriando un ato de mulas y en ellas una buena carga de bastimento para el trayecto. El sacerdote Guillén comenta que todo eran cuestas y mal camino, playas pedregosas y cerros sumamente empinados en donde era común que resbalara la carga y las mulas se desbarrancaran. Durante las largas jornadas siempre encontraron agua pero en la mayoría de los lugares era salobre y muy mala para tomar, tanto que incluso ni los mismos animales  la querían probar. Fue común durante estas jornadas que se avanzara unas leguas (una legua igual a 4828 metros) y se tuviera que retroceder todo ese trecho debido a que se topaba con barrancos o montañas encumbradas. En varias ocasiones el sacerdote Guillén reporta que los californios que llevaron de Loreto para que les sirvieran de guía huían a la menor oportunidad espantados por un lado por las penurias de hambre, sed y cansancio pero por otro por el miedo que les inspiraban los Guaycuras los cuales constantemente los asediaban en el trayecto.


El día 28 de noviembre, cansado todos de tantos contratiempos, sin agua y con muy poco bastimento, hicieron una junta en donde decidirían el destino de la expedición. Después de múltiples deliberaciones decidieron proseguir hasta el punto donde ya les fuera imposible avanzar y que en ese momento regresarían a Loreto alimentándose de la carne de la caballada y de los mezcales que pudieran conseguir en el camino. Afortunadamente a poco de andar unas 12 leguas encontraron una salida de esta sierra y dieron con terreno llano en donde a poco encontraron unas pozas de agua con las cuales satisfacer la sed que ya los venía extenuando. Fue entonces cuando los pocos Californios que los acompañaban decidieron abandonarlos aprovechando un descuido. Es interesante leer cómo los soldados que acompañaban a Guillén eran diestros para realizar el famoso “batequi” en los causes de arroyos. “Hacer batequi” es una frase que aún emplean algunos rancheros sudcalifornianos en la actualidad y se refiere a los pozos que hacen en los cauces de arroyo, en la búsqueda del agua superficial que ha quedado después de las lluvias. Muchos rancheros aseguran que en los cauces de arroyo donde abundan los árboles de mezquite, es casi seguro que hay agua a poca profundidad. Estos conocimientos fueron los que los mantuvieron con vida en más de una ocasión en esta travesía. Para el día 4 de diciembre llegaron a un sitio donde descubrieron un arroyo muy pequeño pero con agua suficiente para calmar su sed, además en sus orillas crecía bastante zacate el cual ayudó en mucho a sosegar el hambre que tenía la caballada. El día siguiente llegaron a una parte de la sierra de la Giganta que cae al mar y pudieron seguir su camino hasta donde unos “cantiles” (acantilados) se lo impidieron sin embargo era tanta su desesperación que decidieron sortear este obstáculo con la firme creencia que tras de él se encontraría el “seno califórnico”, esto es, la Bahía de La Paz.  El trasponer estos acantilados no fue tarea fácil y mucho menos empujando o jalando a las mulas las cuales estaban cansadas al igual que los exhaustos soldados.



Finalmente el día viernes 6 de diciembre de 1720 llegaron a la parte occidental de la bahía de La Paz, probablemente donde hoy es el poblado de El Centenario y, desde ahí divisaron la balandra que ya había llegado desde más de 33 días antes a este sitio (3 de noviembre). Hicieron señas y gran gritería para que los vieran sus compañeros y unas horas después pasaron en la balandra a todos los expedicionarios y una parte de la caballada, la demás la pasaron el día siguiente, para reunirse en el punto final.


El padre Clemente Guillén permaneció en La Paz hasta el día 10 de enero  1721 en que emprende el regreso a su misión de San Juan Bautista Malibat o Ligüí sin embargo lo realiza por un camino diferente. Durante los días que permaneció en La Paz despachó a un grupo de soldados los cuales buscaron un camino menos penoso que el que habían tomado para trasponer la Sierra y encontraron uno por el lado de a Mar del Sur (este camino es el que siguió para su trazo la carretera Transpeninsular) el cual era menos dificultoso y por lo mismo garantizaba un retorno más rápido. Si bien es cierto que durante la marcha de regreso no enfrentaron los obstáculos de la orografía que se les habían presentando anteriormente, aquí los peligros estuvieron con los californios de la ranchería de Jesús Remeraquí los cuales se mostraron hostiles con ellos en todo momento creando una atmósfera muy tensa en buena parte del camino con riesgo inminente de sufrir un ataque. En uno de los encuentros con estos Guaycuras escucharon que les gritaban algunas frases que los soldados y el padre Guillén no entendieron, pasadas unas horas los intérpretes que llevaban con ellos les dijeron que les decían insultos buscando que se enojaran y se fueran a las armas. Algunos de estos insultos eran “¿Por qué no tienen arcos esos advenedizos? “Quizás son mujeres”, “estos tienen miedo, si tienen miedo, ¿Para qué vienen a nuestras tierras?”. Afortunadamente los llamados a la calma y a ser pacientes por parte del Padre Guillén a los soldados, a que los Guaycuras no se decidieron a lanzarse sobre los expedicionarios y a que el martes 21 de enero llegaron a la ranchería de Santa Cruz Udaré en donde el cacique era amigo del padre Clemente, pudieron desanimar cualquier ataque hacia ellos. Incluso el cacique amigo les llamó fuertemente la atención a los Guaycuras belicosos reprochándoles la forma tan vil en que habían tratado a sus amigos. Finalmente el jueves 23 de enero el sacerdote Clemente Guillén llegó a su misión de San Juan Bautista Malibat o Ligüí y poco después los soldados que le acompañaron al Real Presidio de Loreto. 


Durante el trayecto del padre Guillén en su expedición logró bautizar algunos sitios de los cuales en algunos casos el nombre aún persiste y en otros fue sustituido. Algunos ejemplos son: San Juan Bautista Malibat (Ligüí), Catechiguajá (?), Pucá (Agua Verde), Santa Daría Acuré (Santa Marta), San Carlos Aripaquí (San Carlos), San Gregorio Asembabichi (Tembabichi), Santa Isabel Cahué (arroyo de Montalvá),  San Félix Acuí (arroyo Punta Blanca), A paté (Los Dolores), Nuestra Señora de los Dolores (Los Dolores),  Sierra del Tesoro (cuesta de los Burros), La Presentación de Devá (Kakiwi), San Martín Quaquihué (Kakiwi),  San Eugenio lchudairí (llano Mezquitito), Santa Cecilia Caembehué (arroyo San Francisco), Santa Felícitas (arroyo San Francisco), San Chrysogono Arecú (rancho El Potrero), Santa Catalina de los Miradores (arroyo La Soledad), Los Desposorios de Nuestra Señora (arroyo Santa Rita del Coyote),  San Andrés del Paredón (rancho El Caracol), San Saturnino del Pedernal (El Pilar), etc.



De lo acontecido en este viaje tenemos la suerte de que se haya consignado por el sacerdote Clemente en un diario el cual tituló: “Expedición por tierra desde la misión de San Juan Malibat a la bahía de La Paz en el seno Califórnico, año 1720, por el padre Clemente Guillén”. El mencionado documento se conserva en la Biblioteca Nacional de México, archivo franciscano, caja 3, documento 49 .1 y se ha impreso en varias ocasiones tanto en español como en inglés.


El difundir las exploraciones de estos Misioneros, más allá de caracterizarlos en ese instinto maniqueo tan humano de lo bueno y lo malo, nos permite conocer más sobre la Antigua California y sus habitantes desde diversas perspectivas que van de lo antropológico, lo biótico, lo botánico, etnográfico, etc. Es grande la tarea de los historiadores aún ya que esta es la punta del iceberg de la gran historia de esta tierra.


Bibliografía:

Diario “Expedición por tierra desde la misión de San Juan Malibat a la bahía de La Paz en el seno Califórnico, año 1720, por el padre Clemente Guillén”.

La Primera Entrada. Descubrimiento Del Interior De La Antigua California - Carlos Lazcano Sahagún.

“Tres Hombres Ilustres De Sudcalifornia, Jaime Bravo, Manuel Márquez de León y Agustín Arriola Martínez” – del Prof. Leonardo Reyes Silva

“La Paz, ciudad y puerto mexicano: Origen, proceso histórico y símbolos emblemáticos” del Prof. Gilberto Ibarra Rivera

Efemérides Sudcalifornianas - del Prof. Eligio Moisés Coronado


8 de octubre



8 DE OCTUBRE DE 1974. UN NUEVO CAPÍTULO EN LA HISTORIA SUDCALIFORNIANA

Autor: Sealtiel Enciso Pérez

El gran esfuerzo que significó el logro del caro anhelo de nuestros padres por convertir a este territorio en una entidad federativa así como poder elegir a nuestras autoridades a través del sufragio, se ha olvidado. Pocos son los jóvenes que tienen una referencia del día “8 de octubre” más allá de decir que así se denomina a “dos sectores de una colonia en la ciudad de La Paz”. Necesario es que nuestras autoridades y los líderes sociales rescaten este gran suceso y lo difundan permanentemente entre nuestra ciudadanía.

El día 8 de octubre (de 1974) se conmemora la Publicación del Decreto por medio del cual se modificó la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos para dar la categoría de Estados Federados a los entonces territorios de Baja California Sur y Quintana Roo. Este suceso que pudiera parecer un mero trámite de las cámaras de diputados y senadores ante la petición que realizara el primero de septiembre de ese mismo año el presidente de la república, significó para los habitantes de esta península la culminación de una larga lucha que me atrevería a asegurar, inició desde la adhesión de sus fuerzas civiles y militares al Acta de Independencia nacional en el año de 1822.


Esta media península siempre ha tenido hombres y mujeres que han dado sobradas muestras de capacidad para administrar su gobierno y regirse en los actos civiles y sociales con el decoro y los valores necesarios; lamentablemente las carencias que impone el vivir en una tierra desértica en donde el vital líquido escasea han ocasionado que su densidad poblacional sea de las más bajas de la nación, además de que las fuentes de desarrollo (industria, agricultura, pesca y ganadería) se vean limitadas. También a lo anterior se sumó durante muchísimos años la falta de un apoyo decidido por las autoridades federales hacia el desarrollo de la infraestructura necesaria para la modernización de nuestra tierra, dejando que sus ciudadanos lo resolvieran con sus escasos medios, pero eso sí, el gobernante en turno de México imponía al jefe político y militar para regir nuestro destino.

Solamente en tres ocasiones, de manera oficial, estuvieron al frente de la administración del distrito y luego territorio de la parte sur de la Baja California, ciudadanos nativos. Nos referimos a los señores Agustín Arriola Martínez (1920-1924), José Agustín Olachea Avilés (1929-1931) y Juan Domínguez Cota (1932-1938), los cuales en su desempeño dieron muestras sobradas de una gran capacidad de liderazgo, administración prudente y la inteligencia para resolver los graves problemas que se enfrentaban en los años que gobernaron. Sin embargo el gobierno federal seguía sordo a las peticiones que se hacían por diversos sectores de nuestro territorio de tener la posibilidad de elegir a un gobernante “nativo o con arraigo”.


Con la designación del General. Francisco José Múgica Velázquez como jefe militar y político de nuestro territorio (1940-1945) se inició una defensa cada vez más activa por parte de los líderes políticos de aquel entonces por lograr un plebiscito para elegir a nuestro propio gobernante. Estas demandas fueron apoyadas por el Gral. Múgica el cual incluyó a varios de los destacados líderes en su gobierno. Fue así como en el año de 1945 surge el famoso Frente de Unificación Sudcaliforniano (F.U.S.) el cual catalizó estas demandas tan sentidas. Algunos de sus integrantes fueron: Francisco Cardoza Carballo, José H. Ramírez, Arturo Canseco Jr., Francisco Urcádiz, Jorge S. Carrillo, Francisco C. Jerez, Félix J. Ortega, Miguel L. Cornejo, Estanislao Cota y Félix Rochín C.

Ante la renuncia del general Múgica a la jefatura de nuestro territorio, los integrantes del Frente acuden a la ciudad de México a presentar su propuesta: que se permita realizar elecciones libres en nuestro estado y poder con ello elegir a nuestro propio gobernante; sin embargo este anhelo aún debía de esperar. El presidente Ávila Camacho sólo accedió a designar a un gobernador nacido en sudcalifornia pero bajo su tutela, al Gral. Agustín Olachea Avilés. Aún no sonaba la hora de Baja California Sur.


Pasaron cerca de 20 años hasta que la llegada del Lic. Hugo Cervantes del Río a la gubernatura del Territorio (1965-1970), iniciando la era de los gobernantes civiles (civilismo) y, al mismo tiempo, se tejían las circunstancias sociales y políticas en la vida nacional para que los sectores que empujaban fuertemente la demanda de elegir a sus propias autoridades y que nuestro territorio se convirtiera en Estado se concretaran favorablemente. Conforme se fue acercando el final del sexenio de Gustavo Díaz Ordaz, y Luis Echeverría se perfilaba como el próximo candidato a sustituirlo, se empezó a vislumbrar un panorama más claro para las demandas tan sentidas de esta tierra calisureña. El 11 de octubre de 1970 se realiza una Magna Concentración en el Puerto de Loreto en donde se plantearon de forma tangible las demandas de tener un gobernador nativo o con arraigo y electo por los sudcalifornianos así como solicitar que se modificara la Constitución Mexicana para que nuestro territorio pasara a ser el estado 30 de la república. Estas propuestas fueron firmadas por miles de habitantes y entregadas al ahora Presidente Electo de México, Luis Echeverría Alvarez.

Al ser investido como presidente, Luis Echeverría anunció que nombraba al Ing. Félix Agramont Cota como el gobernador del territorio de Baja California Sur, y lo hacía de esta forma porque la Constitución así lo mandaba sin embargo se analizaban las propuestas entregadas en Octubre de ese año. Durante los siguientes 4 años a Baja California sur se le restituye el régimen Municipal (1972) y se le da una gran inyección de recursos para crear la infraestructura necesaria para convertirlo en un estado lo más autónomo posible: se estaba preparando el camino para lo que ocurriría a finales del año de 1974.



Con esta breve reseña de hechos y luchas quiero alentar a los jóvenes de todas las edades para que conozcan y valoren estos y otros sucesos que conformaron la sudcalifornia que hoy tenemos. Quien no conoce su pasado, no lo valora y está condenado a repetir los mismos errores. Aprendamos de nuestra historia y sumémonos a otorgarle a Baja California Sur un futuro más digno para nuestras familias.

Bibliografía:

“EL FRENTE DE UNIFICACIÓN SUDCALIFORNIANO Y LORETO 70” Domingo Valentín Castro Burgoin

LORETO 70. COMPILACIÓN POLÍTICA DE SUDCALIFORNIA

Blog del “Instituto Nacional para el Federalismo y el Desarrollo Municipal”

Fernando de la Toba. El alférez que juró la adhesión bajacaliforniana a la Independencia Nacional – CULCO BCS - Sealtiel Enciso Pérez

El FUS y Loreto 70. Los movimientos que forjaron a Baja California Sur – CULCO BCS - Sealtiel Enciso Pérez

LA BIBLIOTECA PÚBLICA “MAESTRO JUSTO SIERRA No. 192”. UN BASTIÓN DE LA CULTURA EN SUDCALIFORNIA

  Autor: Sealtiel Enciso Pérez Los jóvenes que cursamos la educación primaria, secundaria y profesional en la Paz de los años ochentas y nov...